Por
PEDRO MUÑOZ SIERRA
La reciente visita del evaluador internacional de ICOMOS, organismo asesor de
la UNESCO, ha supuesto uno de los momentos más importantes de cuantos hemos
vivido en los últimos años en relación con nuestro patrimonio histórico.
Durante varios días, la mirada de expertos internacionales se ha posado sobre
Itálica, sobre sus monumentos, sobre su extraordinario legado arqueológico y
sobre una candidatura que aspira a situar definitivamente a nuestra ciudad en
el lugar que merece dentro del patrimonio universal.
Pero más allá de los informes, las reuniones técnicas y los procedimientos
administrativos, esta visita nos invita a realizar una reflexión más profunda.
Nos invita a preguntarnos quién ha mantenido viva la llama de Itálica durante
todos estos años.
Porque Itálica no ha llegado hasta aquí sola.
Detrás de esta candidatura hay décadas de esfuerzo, de trabajo silencioso y de
amor por nuestro patrimonio.
Cuando contemplamos el anfiteatro, las calles, las termas, las casas y los
mosaicos de la ciudad de Adriano, estamos viendo mucho más que restos
arqueológicos. Estamos contemplando una parte fundamental de nuestra identidad
colectiva.
Itálica no es únicamente una ciudad romana.
Es la memoria de Santiponce.
Es la raíz que conecta nuestro presente con más de dos mil años de historia.
Es el legado que hemos recibido y la herencia que debemos transmitir a quienes
vendrán detrás de nosotros.
Por eso resulta especialmente emocionante que la candidatura presentada ante la
UNESCO haya puesto el acento en la singularidad de Itálica como Ciudad
Ceremonial, una ciudad concebida por el emperador Adriano para convertirse en
un gran centro de encuentro, celebración y representación del poder imperial.
Aquí confluyeron tradiciones procedentes de distintos rincones del
Mediterráneo.
Aquí se construyeron espacios destinados a recibir visitantes llegados desde
territorios muy diversos.
Aquí se proyectó una nueva idea de romanidad que acabaría influyendo en otras
ciudades del Imperio.
Y todo ello, además, con un grado de conservación excepcional que permite
comprender hoy aquel proyecto urbano con una claridad extraordinaria.
Sin embargo, sería injusto pensar que el valor de Itálica reside únicamente en
sus monumentos.
El verdadero valor de Itálica también está en las personas.
En quienes la estudiaron cuando apenas despertaba interés.
En quienes lucharon por protegerla.
En quienes enseñaron su historia en las aulas.
En quienes dedicaron horas y esfuerzos a divulgarla.
En quienes comprendieron que el patrimonio no es algo ajeno a la ciudadanía,
sino una responsabilidad compartida.
A lo largo de las últimas décadas, Santiponce ha tenido la fortuna de contar
con hombres y mujeres que han entendido esta realidad.
Personas que han trabajado desde asociaciones culturales, centros educativos,
colectivos ciudadanos, hermandades, administraciones e instituciones para
mantener vivo el interés por nuestro pasado.
Entre ellas ocupa un lugar destacado la Asociación Cultural Amigos del
Monasterio de San Isidoro del Campo - Centuria Romana de Santiponce.
Desde hace más de treinta años, esta asociación ha desarrollado una labor
constante y ejemplar en favor de la difusión y la protección de nuestro patrimonio
histórico y cultural.
Su trabajo ha ido mucho más allá de la organización de actividades puntuales.
Ha contribuido a crear conciencia patrimonial.
Ha ayudado a que generaciones enteras conozcan mejor su historia.
Ha demostrado que la cultura puede ser también convivencia, participación y
compromiso social.
La Centuria Romana ha llevado el nombre de Itálica y de Santiponce a numerosos
lugares.
Ha participado en recreaciones históricas, actos culturales, actividades
educativas y eventos patrimoniales.
Ha convertido la divulgación histórica en una herramienta cercana, atractiva y
accesible para todos.
El Festival Romano de Santiponce, las jornadas de romanidad, las colaboraciones
con el Conjunto Arqueológico de Itálica, los talleres de vestuario, las visitas
culturales, las actividades sociales y tantas otras iniciativas han contribuido
decisivamente a acercar nuestro patrimonio a miles de personas.
Pero quizá lo más importante no sea ninguna actividad concreta.
Quizá lo más importante sea la filosofía que siempre ha inspirado ese trabajo.
La convicción de que solo se protege aquello que se conoce.
Y de que solo se ama aquello que se comprende.
Por eso el lema tantas veces repetido por nuestra Asociación sigue teniendo hoy
plena vigencia:
“Conocer para valorar.”
Dos palabras sencillas que encierran una enorme verdad.
Porque nadie defenderá jamás aquello que desconoce.
La visita del evaluador de ICOMOS ha servido para analizar monumentos,
expedientes y propuestas de gestión.
Pero también ha permitido mostrar algo que no siempre aparece reflejado en los
documentos técnicos.
Ha permitido mostrar que detrás de esta candidatura existe una sociedad
comprometida.
Un pueblo orgulloso de su historia.
Una comunidad que entiende el patrimonio como una parte esencial de su
identidad.
Y ese aspecto, aunque resulte difícil de medir en un informe, constituye uno de
los mayores tesoros de Santiponce.
Todavía no conocemos cuál será la decisión definitiva de la UNESCO.
Quedan informes por elaborar y pasos por completar.
Habrá que esperar.
Pero independientemente del resultado final, existe algo que nadie podrá
cuestionar.
Itálica ya ha ganado.
Ha ganado porque ha vuelto a situarse en el centro del interés internacional.
Ha ganado porque miles de personas han vuelto a hablar de ella.
Ha ganado porque ha reforzado el orgullo de quienes vivimos junto a sus muros y
sus caminos.
Y ha ganado porque ha recordado a las nuevas generaciones que poseen una
herencia extraordinaria.
Si finalmente llega el reconocimiento como Patrimonio Mundial, será un motivo
inmenso de alegría para todos.
Será una recompensa al trabajo de muchas personas.
Será un impulso para la conservación, la investigación y la difusión de nuestro
legado.
Pero también supondrá una responsabilidad aún mayor.
Porque los títulos no conservan los monumentos.
Los conservan las personas.
Los conserva el compromiso ciudadano.
Los conserva el respeto hacia la historia.
Los conserva la educación patrimonial.
Los conserva la implicación colectiva.
Por eso, tanto si la UNESCO concede el reconocimiento como si no, nuestro deber
seguirá siendo el mismo.
Continuar protegiendo.
Continuar enseñando.
Continuar difundiendo.
Continuar valorando.
Porque el patrimonio no pertenece únicamente al pasado.
Pertenece también al futuro.
Y mientras Santiponce siga sintiendo a Itálica como algo propio, mientras
continúe transmitiendo ese orgullo a sus hijos y a sus nietos, mientras siga
defendiendo la memoria de quienes nos precedieron, la grandeza de Itálica
estará garantizada.
La UNESCO puede reconocer el valor universal de nuestra ciudad.
Pero quienes han demostrado durante décadas su valor cotidiano han sido los
hombres y mujeres de Santiponce.
Ellos han sido los verdaderos guardianes de esta historia.
Ellos han mantenido viva la llama.
Ellos han hecho posible que hoy podamos mirar al mundo con esperanza.
Porque todo comenzó mucho antes de los informes, las visitas y las
candidaturas.
Comenzó el día en que un pueblo decidió no olvidar.
Y mientras ese recuerdo permanezca vivo, Itálica seguirá siendo eterna.
PEDRO MUÑOZ SIERRA
Conocer para valorar. Valorar para conservar. Conservar para legar.
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