domingo, 22 de abril de 2018

Ni Zamora se conquistó en una hora...

...ni en once se conquistará Santiponce.


Pero lo que sí es cierto es que las pancartas de nuestra Asociación se siguen extendiendo por entre el caserío de Santiponce. La ardua tarea proyectada, consistente en amplificar el grito de auxilio ante la delicada situación de nuestro Patrimonio, poco a poco va calando entre los vecinos.
El camino no ha hecho nada más que empezar y para ello, gran parte del esfuerzo necesario tiene que pasar irremediablemente por asegurar una continuidad con los que deberán terminar la labor y que no son otros que nuestros jóvenes. Toda la responsabilidad futura depende de nosotros actualmente y no podemos dejarla recaer sobre ellos pero si la impronta, el germen y la conciencia conservacionista prenden desde la infancia, el éxito estará asegurado.
Para ello, seguiremos con más visitas programadas al Monasterio junto con los escolares de primaria, o con cualquier evento añadido como por ejemplo, la que va a ser nuestra participación en la próxima semana grecolatina en el I.E.S. Itálica.


Contaba el otro día un afamado cantautor catalán septuagenario que durante la infancia de cada uno se conforma el mundo en el que luego se irán colgando las cosas. Y precisamente si algo podemos copiar de sus paisanos es cómo defienden lo suyo, y hasta lo que piensan que es suyo aunque no lo sea. De los andaluces pueden copiar por ejemplo, lo que es el respeto a los demás y a sus señas de identidad, fruto quizás de un pasado tan glorioso por el paso de cada una de las civilizaciones que han formado el sello de nuestra tierra, pero eso es otro tema.


Nuestra Asociación no cesará en el empeño de contribuir a la conservación, difusión e identificación del patrimonio histórico de Andalucía tal y como nos faculta la Ley 14/2007, de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía y a participar asimismo en la elaboración de la planificación y gestión del mismo.


El esplendor del pasado solamente es una huella, un vestigio, casi un decorado. Para resucitarlo, solo el empuje del presente (el hoy es siempre todavía machadiano) aliviará la carga tediosa del olvido y el abandono. En la palma de nuestras manos se asientan las raíces de un futuro prometedor, arraigado e indestructible.




El futuro es ahora mismo y por él y por Santiponce trabajamos.