jueves, 15 de agosto de 2019

Los abajo firmantes; perdón, ¡arriba los firmantes!


Aunque, y en su justísima medida, los voluntarios que están recogiendo firmas desde julio en el Festival Internacional de Itálica y en la programación de los Teatros Romanos de Andalucía recibirán su merecido homenaje en este blog, queremos dar las gracias pública y brevemente a todas y cada una de las nueve mil personas que han firmado su adhesión al proyecto de Itálica Patrimonio Mundial y en concreto a las que nos han visitado en estos eventos.

Y les damos las gracias no sólo por su firma, sino por ser tan buena gente. Estos entrañables amigos, cómplices, camaradas, confidentes, aliados, "sosios",  no es que sean buenos, es que son para comérselos. Durante las varias jornadas en las que hemos compartido recogida de firmas podríamos contar multitud de anécdotas y todas marcadas por la solidaridad con nuestra causa. Desde la primera hasta la última firma, desde el primer hasta el último firmante, anónimos todos al fin y al cabo aunque alguno levantara más revuelo que otro por ser cara más que conocida.
El afecto, cercanía, ternura e interés mostrado por nuestras solicitudes no ha hecho sino reforzarnos en nuestra idea de activismo autógrafo y de alentarnos en la tarea diaria.

Hemos sumado incondicionales de gran parte de la geografía no sólo española sino extranjera, y desde la entrañable Svetlana que no encontraba su tarjeta identificativa para anotar su número y que tras cinco minutos de insondable búsqueda en su bolso femenino (junto con las profundidades marinas, uno de los mundos que aún está por descubrir), conseguía finalmente estampar su rúbrica y su número porque, según dijo, "te lo mereses por tanto calor que pasas con traje de centurión".
Entrañables como la familia Muñiz, que llegados desde la sierra cordobesa te explican "sorprendentemente" cómo disfrutan ellos su Romanidad y te enseñan 3.052 fotos con la indumentaria romana, detallándote de forma fidedigna cada elemento de su vestuario. Entrañables y jovencísimas abuelas de 90 años como Dª. Teresa, que no quieren dejar de hacerse una foto con su, dice, romano guapo...

Amigos que nos dicen que no se puede consentir que Itálica no sea Patrimonio ya, o que conocen el Monasterio y que es cierto que es una pena y que ojalá tengamos suerte.
Cómplices porque se unen a la causa y nos proporcionan enlaces y contactos para que nuestras redes de comunicación se extiendan lo más lejano posible.
Camaradas porque saben, al igual que nosotros, de la importancia de la cultura y el respeto por el pasado en nuestra sociedad.

Confidentes porque lo que empieza siendo una fría y simple petición de unos datos pasa a convertirse en una charla en la que terminamos hablando de sencillamente de nuestras vidas, de nuestros hijos, de que uno está tocado con la varita de la sensibilidad y estudia música o que la otra ha terminado podología. En fin,  nuestras preocupaciones diarias, así, a lo bestia y sin monumentos de por medio y literalmente empujándolos al teatro porque empezaba la obra.

Aliados, muchos de ellos jóvenes, que tras mostrarles el folleto con el original cartel anunciador del II Día de la Romanidad se comprometen no solo a venir sino a participar porque, dicen, se lo tiene uno que pasar bien, ¿no?

Y socios, muchos socios conocidos porque mostrando su imagen pública quieren hacerse partícipes del proyecto y posan cortésmente ante las cámaras para certificar su apoyo. Un apoyo a Itálica que al fin y al cabo y es lo que esperamos, será de todos, de mi querida familia Muñiz, de una guapísima chica rusa o de una encantadora jovencita de 90 años que a buen seguro verá en breve la famosa inscripción de la Unesco colocada junto a los no menos famosos pies votivos dedicados a Némesis  del Anfiteatro.

Una imagen vale más que mil palabras en Facebook de Santiponce Despierta 
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