lunes, 18 de diciembre de 2017

Y abrieron paso a Roma.



Me falta una total preparación literaria, para poder escribir una crónica al uso sobre la celebración del Belén Nazareno de Santiponce, y así poder describir la cascada emotiva, plástica, y vivencial que supone participar en esta demostración de amor por el prójimo...por lo que con el debido, absoluto y máximo respeto…


...Yo y Torcuatus.
Hola, me llamo Pontzius Italicevski y soy polaco de Polonia, claro. Estudio en Sevilla por Erasmus, y perdón por mi hablar mal español porque aprendiendo soy. Al que escribe siempre estas cosas, lo han mandado a hacer instrucción en Emérita Augusta, porque allí dan buena formación castrense, porque aquí mucho cachondeo. Pero me ha dicho que yo lo cuento todo.
Siempre me gustó todo lo romano y cuando llegué a aquí, me enteré de la Centuria de Santiponce y me apunté. Me fui con el que siempre escribe aquí y me dijo que era mi jefe y oficial, y que me pusiera firme, y unas palabrasrotas (o algo así) para meternos en un papel. Y me dijo que teníamos una misión en un Belén de gente viviente pero yo no tenía ni patata idea.

El Belén.
Llegué allí y todo el mundo estaba trabajando mucho haciendo las casas de Belén; y yo pregunté cuánto pagaban; y mi oficial me dijo que no se pagaba nada, que se trabajaba gratis solo por ayudar a los demás. Yo le dije que en mi país, los políticos hacen la otra cosa, cobran pero no trabajan. Mi oficial, que se llama Torcuatus dijo que aquí se parece eso en algo, pero que a veces se llevan además, el dinero de los demás. Me dijo que no lo diga, pero no lo dicho todo lo que ha dicho, entonces no sé si he dicho o no lo he dicho; por si las mosquitas, no lo dicho.
Cuando llegamos a la aldea, Torcuatus se puso a saludar a todo el mundo que estaba muy contento porque tenía muchas ganas del Belén. Torcuatos no se paraba de hablar, y se emocionaba porque decía que la gente ayuda por hacer cosas para la gente que no tiene, y que pasan frío como los que pasan frío en la calle. Y yo me emociono también porque yo nunca pensé eso, y nunca pensé ayudar a nadie porque nadie ayuda a nadie por nada y esto es muy enorme y maravilla, porque dan el dinero de la gente que mira, a los que no tienen dinero.

Los Hermanos.
Nos recibió Venancio que era el que mandaba en todo con otros ayudantes, y  debía ser una familia muy grande porque todos eran hermanos. Torcuatus me dijo que Venancio era un buen tío y que no paraba de un lado a otro; y todo estaba muy organizado, pero yo ya me he perdido porque no si era tío y los otros los hermanos o los sobrinos.

La Tabernae y el Palacio de Herrores.
La aldea tenía todo lo que tienen las aldeas de cuando nace Jesús, con tiendas, palacios, gente en trabajos; y entonces me dice Torcuatus que la Centuria estaría con más cosas de las aldeas, pero ya estaban todas;  pero llegué y estaban mis más amigos centuriones con mucho trabajo y esfuerzo; y yo quería ver la tienda y me alegré porque decía  “Tabernae” y ese sitio es muy pero que mucho animador. 
Además de soldados, tenemos una guapa emperatriz pero como es reina, va al palacio de Herrores con otras guapas; pero ella es la guapa imperial.
Y tenemos un magnanisísimo y elegantisísimo emperador que es más güeno que una rebaná de pan, pero que tenía que estar tres horas callado, y eso era una cosa, dicen, que es milagro.
También dos soldados los acompañaban en el palacio por si la cosa estaba caliente, con risas, pero no comprendí eso, no sé si porque estaban dentro del palacio con calor o porque había guapas.
Torcuatos dijo a todos que yo era “er nuevo” y que el Belén estaba como nunca de precioso; y que las mujeres del Belén eran las más bellas del Imperio; y que empezaba todo; y que me prepara; y que me pusiera el casco, pero no mal, porque me puse la visera para delante.

Las autoridades.
Y nos fuimos y entraron,  y venían las autoridades y fue bonito porque donde nace Jesús da emoción por la fe de la gente; el Sr. Sacerdote dio palabras bellas; y porque la Virgen es guapísima y el niño Jesús es un primor y porque San José es…  es San José. Las autoridades venían con nosotros hasta el final, y eran personas importantes, y como eran importantes, Torcuatus quiso hacer amistad, pero corrían; y Torcuatus aunque corrió en Marathon, no pudo cogerlos y le dio pena, porque Torcuatus quiere a todo el mundo aunque tenga cara seria.

Los actores y las rondas.
Cuando ya empezó todo se pasa un arco muy meritoso;  y todas las gentes tan buenas vivientes pero quietas que parecían estatuas y eso que hacía frío.  Los centuriones tienen que hacer rondas para controlar todo; y pasamos rápido y Torcuatos grita fuerte para abrir paso, y la gente bota de susto, pero yo también paso susto porque Torcuatos no ve bien, y la curva del Teatro la pasa rozando y se va a caer un día gradas abajo. 
No sé bien las cosas del Belén y seguro que falta algún actor pero impresiona el amor que le ponen a lo que hacen, y gratis.  Hacen el amor a su pueblo, creo yo (no sé si se dice así, pero lo digo). Hay un escribidor y gente que espera; una niña que es un ángel (el diccionario polaco-español dice angelical); un hombre con fuego de hierro que no quería a Torcuatus, y le decía que era un romano malo y con barbas, y lo repetía a los niños, y al final los niños le tenían miedo. También había niños en un carruaje y una virgen embarazosa muy gentil y hermosa (estoy aprendiendo poetas en español).
Los romanos hacían también que quedaban quietos, y todos juntos, a la gente le dio impresión. ¡Qué guapos los romanos!, decía la gente, aunque algunos somos más guapos que otros.
Las mujeres tenían ropas muy buenas y estaban muy bellas. Los hombres tenían ropas muy buenas y no estaban tan bellos; y había panaderas, tejedoras, carpintería, orfebres y un romano de negro más malo que nosotros; y mujeres lavando y una casita muy bonita y pequeñita (eso es una rima, lo he aprendido); niñas cogiendo olivias y también cuando la Virgen se escapa en una mula. Hay muchos animales en la aldea y son de verdad, aunque muchos parecen quietos porque también quieren a sus dueños.  
También había una mujer que tejía y gritaba que llegaba el Mesías, y nosotros como somos de otra religión, no podemos permitirlo y la atamos; y la gente no nos quiere por eso. Yo tampoco me quiero por eso; no me gusta que se ate ni se mate por otra religión.  En el mercado no nos quieren,  menos una señora en su puesto que nos ofreció huevos frescos, pero Torcuatus le dijo que él ya los llevaba bastante frescos (no me recuerdo si vendíamos huevos en la Tabernae).
Unas mujeres al final lavaban ropa y también estaban los Reyes Majos que son buenos buenísimos y majísimos y los niños los quieren casi lo mismo que a sus padres, o más.  


Los niños, los padres y las madres.
A todos los romanos les gustan los niños, pero los romanos somos los malos malísimos; por eso le damos caramelos, para que nos quieran y al final se hacen photosgrafías. Algunas madres empujan a los niños para la photo, y Torcuatus les dice “Señora por favor, que le voy a clavar la espada al niño”. No todos los niños quieren porque damos miedo aunque somos tan buenos como los Reyes y los padres les dicen “lo ves hijo, los romanos son buenos”. Torcuatus les dice: “a veces caballero, como sus hijos”.

Las colas y el chocolate.
La gente espera fuera para entrar en la aldea en una fila y también pasa frío. Hay más hermanos de Venancio, (he preguntado si tienen algún record Guinnes por eso), que dan pasteles y chocolate. Son todos muy buenas personas y se alegran mucho con los romanos cuando pasamos para el Belén.

La verdad.
Tengo más cosas para contar, pero Torcuatus me dijo que dijera la verdad que pudiera contar; y sobre todo me dijo que muchas gracias a mucha gente, pero no recuerdo toda. Me dijo que el corazón del pueblo es muy grande, me dijo que las gracias a los hermanos de Venancio,  ¡A TODOS!...Porque al final hermanos y romanos brindaron juntos; que gracias a los que ayudan poniendo la aldea y sobre todo a los actores, porque dice “no se puede ser más güena gente”, y creo que ya está. 
Dijo más gente pero no me acuerdo; quizás a las autoridades, y por eso les doy las gracias, pero eso no es seguro que eso lo dijera.
Ah, y me dice que se preparen los centuriones para cuando vuelva, ¡LEGIO EXPEDITA!.